domingo, 30 de agosto de 2020

Masacre del Tomate, el rostro del dolor y el desplazamiento forzado en Córdoba.

La historia que está por leer ocurrió hace 32 años exactamente en El Tomate, un corregimiento del municipio de Canalete, en el departamento de Córdoba a apenas 55 kilómetros de la ciudad de Montería. Sus causas son aparentemente desconocidas puesto que las hipótesis son variadas y nunca se profirió una sentencia que formalmente indicara la responsabilidad de persona alguna en estos hechos, por tanto tampoco se profirió ningún tipo de decisión judicial que ordenara la reparación a las víctimas, en ese mismo sentido a las víctimas de la masacre del Tomate nunca se les garantizó su derecho de saber la verdad y ser reparados correctamente por parte del Estado en la impartición de justicia, teniendo en cuenta el hecho de que la Fiscalía Especializada Tercera de Montería profiriera resolución inhibitoria el 23 de enero del año 2004.

Quiero agradecer especialmente a la señora Zaida, quien es líder de la ANUC en Canalete y muy amablemente me ayudó a traer a ustedes estos relatos de algunos sobrevivientes a los que de antemano pido una disculpa por haber alterado sus nombres, me vi en la necesidad de hacerlo para proteger sus identidades (espero su comprensión) teniendo en cuenta la situación de recrudecimiento de la violencia que actualmente atraviesa el país no es mi intención que se vean expuestos a retaliaciones de ningún tipo por contar su historia. 


Lena Sofía Quintero Macea | 30 de ago. de 20.

 

Tomado de:
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Tomate,_Canalete_municipality,_C%C3%B3rdoba_Department,_Colombia.jpg

Masacre El Tomate desde el sentir de las víctimas.
32 años de impunidad y sin olvido.

 

Yo quiero hacer una aclaración, pues yo siempre he vivido aquí en la zona urbana de Canalete, mi papá quien falleció hace un mes de 104 años, llegó hace setenta años al municipio, entonces yo nací aquí en el pueblo (Canalete), sin embargo, yo he tenido mucho contacto con gente del Tomate porque además de que soy la presidenta de la ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos) en Canalete también me ha tocado investigar acerca de la masacre, aunque no estuve en la zona del corregimiento como tal al momento de los hechos aquí llegó gente del Tomate desplazada con la que he tenido contacto cercano.

Me parece importante decir que, la ANUC es una organización campesina que propende por el bienestar y la consecución de un pedazo de tierra para los campesinos y campesinas, entonces, partiendo de ese punto es que he podido estar directamente relacionada con muchos campesinos que fueron violentados y despojados de sus tierras en la masacre del Tomate.

En ese momento – agosto de 1988 – yo tenía doce años, y recuerdo incluso que en mi casa trabajó una chica que se llama Mariana Berrocal – ella es hija de la señora Esperanza de quien más adelante te contaré –, Mariana Berrocal me contaba que a ellos les tocaba dormir en el monte y que tenían que cocinar de noche para que el humo no se viera salir y ellos poder esconderse. Mariana una vez me dijo que no quería declarar, – estamos hablando de unos diez o doce años atrás – yo le insistí y le dije: “Mariana, pero si la verdadera víctima eres tú, acércate a la Personería, ve y cuenta tu historia”, sin embargo ella por miedo tal vez no se atrevió a hacerlo en su momento, porque realmente estas cosas son difíciles de contar. Mariana vino con su esposo y su hija a Canalete pero ellos duraron casi un mes de eso que se escondían en el monte y se salían, sin embargo me dijo que esa zozobra no le permitió estar más tiempo en el Tomate por lo que entonces ella decidió con su familia salir de la zona rural y es cuando llegan a la zona urbana a establecerse definitivamente, por ese entonces un señor apellido Miches les compra las gallinas y mi papá que era el médico del pueblo les dijo que cualquier cosa que necesitaran de remedios y todo le dijeran, él les ayudó y se puso a disposición de ellos. Entonces Mariana entre lágrimas me dijo: “mi hija desde entonces nunca tuvo niñez, ella tuvo que vender panes, vender las gallinas, a nosotros nos ha tocado muy duro”.

Así mismo, la  mamá de Mariana, la señora  Esperanza Berrocal Martínez – quien en ese entonces tenía 49 años y actualmente tiene 81 años –, hace un tiempo atrás hablé con ella y también ayer tuve la posibilidad en la noche de contactarla a raíz de que tú me llamaras. La señora Esperanza me contaba que un hijo de ella que se llama Carlos trabajaba con un señor vendiendo carne, y resulta que el 5 de agosto del año 88 su hijo llevaba una carne de un punto a otro y encontró frente a una finca unos hombres asesinados en un carro vuelto nada que según dicen eran unos escoltas de una persona importante de la región, entonces el papá y el abuelo de él le dijeron: “la cosa se va a poner aquí muy dura” (doña Esperanza en su historia que me contaba tenía el teléfono en altavoz y su nieto le decía: “abuela, pero es que ella no le está preguntando eso”, y yo le decía: déjala que me cuente la historia que así como va, va bien), ese día su hijo llegó asustado y dejó el burro por allá tirado en medio de su conmoción, y el papá le dijo: “aquí la cosa se va a poner terrible porque esas personas que asesinaron eran unos escoltas de un señor muy importante y adinerado”. Me decía la señora Esperanza que no saben exactamente las causas pero que a raíz de esa situación se pudo producir la masacre.

La casa de doña Esperanza se la quemaron hasta que no quedó nada, por eso cuando de la Unidad de Víctimas la fueron a indemnizar ella dijo: “¡Hombe! Eso es parte de lo que yo perdí, perdí una marrana, perdí mi cama, perdí todas mis cosas”, ella incluso, recuerda eso con mucho dolor porque dice que allí perdió todo lo que ella había conseguido con muchos años de trabajo. Doña Esperanza se puso a llorar mientras me contaba, entonces yo la alenté para que siguiera narrándome la historia y le dije que las cosas nunca han sido fáciles, que me doy cuenta que ellos han sufrido mucho, y ella me dice: “Mija, yo he pasado mucha necesidad y desde entonces no hemos podido avanzar”.

Me contó que esa noche del 30 de agosto de 1988, en el momento de la masacre una persona que estaba ahí le dijo: “la cosa está muy difícil, tirémonos al suelo”, todos se tiraron al suelo menos esa persona y esa persona cuando vio que le dispararon le pegó a algo y salió corriendo, eso iban disparando ella me decía que era una cosa terrible porque las balas zumbaban en todas las direcciones, y el pueblo fue quemado casi por completo, me dijo doña Esperanza: “mire cuando logramos escapar el humo lo veía yo desde lejos y mi casa me la quemaron”, entonces las personas que estaban ahí huyeron hacia Cerro Mocho y Brasil – son veredas aledañas al corregimiento El Tomate –, otros hacia Canalete y otros hacia Montería. Ella me hablaba que más o menos eran unas veinte familias quienes se encontraban entre los desplazados, por decirlo así, pues aparte de los que asesinaron allá estaban unas familias que quedaban en el recorrido de la vía que conducía al corregimiento pero que no estaban propiamente en el centro poblado, entonces ellos – los hombres armados y vestidos de camuflado – prendieron fuego contra todo, me contó que incluso al mes volvieron ellos otra vez a quemar el resto de casas que quedaban, pero eso no aparece registrado en ningún lado y que en el año 91 nuevamente hubo otra quema parecida a esa pero no hay ningún registro que hable de esos últimos hechos.

Otra persona que me ha contado su historia fue Elianis quien junto a mi hace parte de la organización campesina ANUC, ella me contó que para esa fecha – 30 de agosto de 1988 – tenía diez meses de nacida, sus padres estaban ubicados a lo largo de la vía que era la zona, – la zona es como las casitas que quedan cerca al pueblo pero no es en el centro poblado como tal sino a las afueras buscando hacia la vía de Popayán – entonces, esa noche ellos estaban allí en su casa y vieron que pasaba el bus a toda velocidad, cuando se dieron cuenta fue que incendiaron las casas y me contó que a sus abuelos también les tocó salir con ella y dormir en el monte, entonces la mamá de Elianis salió huyendo de allí y dormía con la bebé de diez meses pegada en la teta día y noche, Elianis me dijo: “Zaida, imagínate tú que yo me pegué una ‘enviciá’ – así le dicen a uno cuando se pega mucho el niño en el seno y no quiere dejar de mamar – porque mi mamá con cualquier ruidito enseguida me permanecía la teta metida en mi boca para que yo no llorara por miedo a que fuéramos descubiertos”. A raíz de esa lucha, de ese sufrimiento ella se enfermó de una fuerte gripa.

Elianis me decía que ese momento en que esa gente aparece lo hace por ‘la zona’, porque cuando nosotros buscamos en los periódicos hablan de un bus que cubría la ruta Arboletes-Montería, pero resulta que realmente es un bus que llega por la zona interna vía de Popayán, y cubría la ruta Popayán-Montería, ya el bus regresaba de la zona rural buscando hacia la ciudad de Montería, ese es el bus que toman estas personas y que los conduce hasta el corregimiento del Tomate donde empiezan a disparar contra las familias.

Elianis me hablaba también al igual que la gente de la zona que el corregimiento como tal no ha tenido una conmemoración o una reparación real, que a ellos no los han declarado como víctimas colectivas del conflicto armado o que ellos han sentido que no les han prestado la debida atención. Entonces, todos ellos coinciden en lo mismo: la mamá de Elianis no ha sido reconocida, le negaron la reparación porque su declaración fue extemporánea, así como mucha gente, las verdaderas víctimas del Tomate, las personas que les tocó correr y dejarlo todo, muchas hoy en día sienten el horror y el miedo, por eso nunca se atrevieron a declarar y nunca se tuvo en cuenta esa situación.

Otra víctima fue el joven que conducía el bus que interceptaron en la zona esos uniformados armados – porque ellos hablan que estaban armados hasta los dientes – era un muchacho que se llamaba Omar Porto, quien fue incinerado en el bus que los transportó desde la vía de Popayán hasta Bonaire una finca propiedad del señor Plinio Cruz Frago que es la finca donde llegaron inicialmente y en la que abrieron fuego contra sus trabajadores; posteriormente fue forzado a transportarlos al corregimiento El Tomate donde la masacre tuvo inicio a las seis de la tarde.

La familia del joven Omar está ubicada aquí en Canalete en una vereda que hace parte de la zona urbana, él en ese entonces tenía 35 años cuando lo asesinaron, ellos vivían en la carretera en un punto que se llama San Rafael, él en el bus venía pitando con insistencia y su madre quiso salir a recibirlo pero una ráfaga de tiros hizo que la señora retrocediera, sin embargo el muchacho en el desespero pitaba y pitaba como que indicando que no se acercaran, que huyeran. Dice la hermana, Lety, que es la persona con la que más he hablado que su hermano incluso antes de morir los protegió a ellos para que no murieran porque ellos creo que son dieciocho hermanos, entonces en ese momento ellos estaban muchos pequeñitos allí, la magnitud de los muertos de la masacre iba a ser mayor si no es que el muchacho con el pito y el desespero hace su madre y que todos corran hacia el monte.

Lety me contaba: “Zaida, a mí me duele que mi hermano haya muerto de esa manera y que nosotros hoy en día por un error de un funcionario aquí en Canalete nos metieran a todos en el mismo núcleo y nosotros no hemos sido reparados como deberíamos, nosotros que vivimos en carne propia el horror porque mi hermano murió en esos hechos de la masacre del Tomate”.

Investigando y preguntando, las personas me decían que hay un señor que vivía en el corregimiento de Popayán que fue el señor Buelvas, él es un señor que se dedica a la agricultura y que aún está vivo, me dicen que a él lo cogieron por la fuerza, lo subieron al bus, y le dijeron que los llevara hasta la zona del Tomate y él fue y les mostró pero nunca se imaginó que esa masacre iba a ocurrir, al señor lo bajaron en el cementerio del Tomate y le dijeron: “no se vaya, venga que nosotros le vamos a hacer un regalo” pero como él vio todas esas muertes y todo eso que ocurrió el señor se tiró al monte, huyó y nunca regresó. El señor Buelvas aún dice que sueña con esa situación de la masacre, que no logra conciliar el sueño y que muchas veces esa situación de horror y de terror aún hoy en día lo persigue.

Según cuenta el señor Buelvas le decían a él: “¿Dónde están los chusmeros?” – esa historia se la contó el señor Buelvas a estos grupos de investigadores de la zona, campesinos jóvenes del Tomate que quisieron saber la verdad – y le preguntaban: “¿Dónde está esta gente? Ellos nos la tienen que pagar” entonces decían: “estos de aquí no, son los de allá”, o sea que ellos como que venían con una orden precisa y sabían lo que iban a hacer.

Para finalizar, como líder de la organización campesina te digo que en esos hechos también aparecen unas personas como el fiscal de la ANUC, personas que de alguna manera estaban vinculadas a la organización y que hoy como tratando de armar el rompecabezas con mi amiga Elianis y con Rosmi Borjas – mi jefe – empezábamos decir: “Bueno, ¿por qué decían que esa gente eran colaboradores y eran chusma?” Era una estigmatización contra los líderes de la organización campesina, o sea que muchas cosas confluyeron para que de alguna manera la masacre del Tomate trascendiera a lo que hoy en día se dice, que mucha gente incluso falleció y de pronto ni siquiera aparecen en el registro de los hechos, por ejemplo, un joven de una familia apellido Pestana que era el nieto de esa familia ellos salieron corriendo cuando les prendieron la casa, pero cuando quisieron regresar un niño de dos años había muerto incinerado ahí, y encontramos en la historia investigando que cuentan de un niño que murió, pues en la familia Pestana un joven que se escondió en una alberca con agua, estaba metido bien profundo, quiso salir pensando que se habían ido y lo asesinaron, entonces cosas como esa, muchos hechos, muchas historias, muchas familias que hoy sufren el horror y las secuelas de la guerra.

Yo incluso le dije a Elianis: “Vamos a contarnos la historia”. Me gusta esto que tú estás haciendo, porque de alguna manera hay que buscar a los verdaderos actores, a las personas que fueron afectadas y contar su historia, porque es que uno busca ¿qué busqué yo? El niño de dos años, y el niño de dos años tiene una familia que hoy en día sufre; hay historias como la del joven que iba manejando el bus que también dejó a una familia, me ha tocado ver a campesinos como Fernando Arango, líder campesino de la ANUC al cual le quemaron su casa, que lo buscaban para matarlo y el señor por ubicarse en un punto estratégico antes de llegar a él siempre tenían que llegar y preguntar y decían “él no vive allí” y él me contó su historia hace como ocho años y el señor Arango no está reconocido como víctima, y eso es un trabajo que la ANUC está tratando de conseguir.

El Gobierno Nacional a las víctimas de la lucha no los reconoce como debería, pero también es la misma situación que viven las personas de el corregimiento El Tomate que muchos hoy en día son personas mayores y sufren, como doña Esperanza que ella habla de sus taburetes, de sus gallinas, de su burrito, de su marrano, con esa ilusión: “¡Hombe! Si esa marrana la querían tanto mis hijos y fueron diez días antes de la masacre a comprármela y yo no la quise vender”, cosas como esas uno se pone a escuchar y dice: “Pero por Dios, ¿qué pasó aquí?”, son situaciones que entristecen pero que al mismo tiempo uno tiene que avanzar y tratar de ayudarles a resolver a ellos porque de alguna forma todos como víctimas coinciden en lo mismo, en que quieren que esa verdad, que esa justicia, que esa reparación se dé pero que se dé realmente a las personas que fueron afectadas, las víctimas de ese suceso tan atroz aún hoy después de tantos años recuerdan en medio del dolor y el miedo todo lo que les fue arrebatado por los violentos.

Tomado de: 
https://twitter.com/perezpecomic/status/1232007182968926210


El año de 1988 es quizá uno de los años que más han marcado – para mal – la historia del departamento de Córdoba, prueba de ello fueron: las primeras elecciones locales el 13 de marzo de 1988 para elegir alcaldes a nivel de todo el país, lo que dio inicio a un feroz enfrentamiento por el control del poder político especialmente en Córdoba donde este se concentraba y organizaba desde las más altas esferas sociales quienes apoyaban la lucha contra la insurgencia financiando grupos de defensa civil campesina lo que tendría como consecuencia trágicos desenlaces para la población más vulnerable; la masacre de Mejor Esquina en Buenavista-Córdoba el 3 de abril de 1988 perpetrada por hombres de Fidel Castaño los cuales se hacían llamar ‘Los Magníficos’ que dejaron 28 personas muertas y 7 heridas; los 7 desaparecidos en el corregimiento de Las Nubes en Valencia-Córdoba también a manos de los hombres de Fidel Castaño, estos conocidos como ‘Los Tangueros’ el 12 de abril de 1988; la Toma de Saiza en Tierralta por parte de frentes de las guerrillas de las FARC y el EPL en la que 14 uniformados perdieron la vida y 22 más fueron secuestrados el 23 de agosto de ese mismo año; y por último – motivo de esta investigación –, la masacre de El Tomate el 30 de agosto, que dejó un total de 16 muertos, 22 familias desplazadas y todas las viviendas incineradas hasta los cimientos. No en vano el año de 1988 pasó a la historia como ‘el año de las masacres’. Este breve recuento es con el fin de que conozcamos nuestra historia, de que sepamos lo que ha pasado aunque no lo hayamos vivido, de que entendamos que no merece la pena seguir matándonos unos a otros porque el verdadero camino es LA PAZ.

El Tomate es un corregimiento de personas fuertes, valientes y resilientes, por ellos es esto, para ellos es este homenaje, por sus seres queridos que les fueron arrebatados, por la vida que tenían, por la paz de la que fueron despojados, por ellos es que los invito a hacer memoria, para que nunca olvidemos lo que aquí pasó, para que no permitamos que hechos como este sigan sucediendo, para que no sigan siendo un número más en una estadística vacía, sino para que realmente y como diría mi escritor favorito – Gabriel García Márquez –: “tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Muchas gracias.

Lena Quintero | 30 de ago. de 20.