La
historia que está por leer ocurrió hace 32 años exactamente en El Tomate, un
corregimiento del municipio de Canalete, en el departamento de Córdoba a apenas
55 kilómetros de la ciudad de Montería. Sus causas son aparentemente
desconocidas puesto que las hipótesis son variadas y nunca se profirió una
sentencia que formalmente indicara la responsabilidad de persona alguna en
estos hechos, por tanto tampoco se profirió ningún tipo de decisión judicial que ordenara la reparación a las víctimas, en ese mismo sentido a las víctimas de la masacre del Tomate
nunca se les garantizó su derecho de saber la verdad y ser reparados correctamente
por parte del Estado en la impartición de justicia, teniendo en cuenta el hecho
de que la Fiscalía Especializada Tercera de Montería profiriera resolución
inhibitoria el 23 de enero del año 2004.
Quiero agradecer especialmente a la señora Zaida, quien es líder de la ANUC en Canalete y muy amablemente me ayudó a traer a ustedes estos relatos de algunos sobrevivientes a los que de antemano pido una disculpa por haber alterado sus nombres, me vi en la necesidad de hacerlo para proteger sus identidades (espero su comprensión) teniendo en cuenta la situación de recrudecimiento de la violencia que actualmente atraviesa el país no es mi intención que se vean expuestos a retaliaciones de ningún tipo por contar su historia.
Lena Sofía Quintero Macea | 30 de ago. de 20.
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| Tomado de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Tomate,_Canalete_municipality,_C%C3%B3rdoba_Department,_Colombia.jpg |
Masacre
El Tomate desde el sentir de las víctimas.
32
años de impunidad y sin olvido.
Yo
quiero hacer una aclaración, pues yo siempre he vivido aquí en la zona urbana
de Canalete, mi papá quien falleció hace un mes de 104 años, llegó hace setenta
años al municipio, entonces yo nací aquí en el pueblo (Canalete), sin embargo,
yo he tenido mucho contacto con gente del Tomate porque además de que soy la presidenta
de la ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos) en Canalete también me
ha tocado investigar acerca de la masacre, aunque no estuve en la zona del
corregimiento como tal al momento de los hechos aquí llegó gente del Tomate
desplazada con la que he tenido contacto cercano.
Me
parece importante decir que,
la ANUC es una organización campesina que propende por el bienestar y la
consecución de un pedazo de tierra para los campesinos y campesinas, entonces,
partiendo de ese punto es que he podido estar directamente relacionada con
muchos campesinos que fueron violentados y despojados de sus tierras en la
masacre del Tomate.
En
ese momento – agosto de 1988 – yo tenía doce años, y recuerdo incluso que en mi
casa trabajó una chica que se llama Mariana Berrocal – ella es hija de
la señora Esperanza de quien más adelante te contaré –, Mariana Berrocal me
contaba que a ellos les tocaba dormir en el monte y que tenían que cocinar de
noche para que el humo no se viera salir y ellos poder esconderse. Mariana una vez
me dijo que no quería declarar, – estamos hablando de unos diez o doce años
atrás – yo le insistí y le dije: “Mariana, pero si la verdadera víctima eres
tú, acércate a la Personería, ve y cuenta tu historia”, sin embargo ella por
miedo tal vez no se atrevió a hacerlo en su momento, porque realmente estas
cosas son difíciles de contar. Mariana vino con su esposo y su hija a Canalete
pero ellos duraron casi un mes de eso que se escondían en el monte y se salían,
sin embargo me dijo que esa zozobra no le permitió estar más tiempo en el
Tomate por lo que entonces ella decidió con su familia salir de la zona rural y
es cuando llegan a la zona urbana a establecerse definitivamente, por ese
entonces un señor apellido Miches les compra las gallinas y mi papá que era el
médico del pueblo les dijo que cualquier cosa que necesitaran de remedios y
todo le dijeran, él les ayudó y se puso a disposición de ellos. Entonces Mariana
entre lágrimas me dijo: “mi hija desde entonces nunca tuvo niñez, ella tuvo que
vender panes, vender las gallinas, a nosotros nos ha tocado muy duro”.
Así
mismo, la mamá de Mariana, la
señora Esperanza Berrocal Martínez
– quien en ese entonces tenía 49 años y actualmente tiene 81 años –, hace un
tiempo atrás hablé con ella y también ayer tuve la posibilidad en la noche de
contactarla a raíz de que tú me llamaras. La señora Esperanza me contaba que un
hijo de ella que se llama Carlos trabajaba con un señor vendiendo carne, y
resulta que el 5 de agosto del año 88 su
hijo llevaba una carne de un punto a otro y encontró frente a una finca unos
hombres asesinados en un carro vuelto nada que según dicen eran unos escoltas
de una persona importante de la región, entonces el papá y el abuelo de él le
dijeron: “la cosa se va a poner aquí muy dura” (doña Esperanza en su historia
que me contaba tenía el teléfono en altavoz y su nieto le decía: “abuela, pero
es que ella no le está preguntando eso”, y yo le decía: déjala que me cuente la
historia que así como va, va bien), ese día su hijo llegó asustado y dejó el
burro por allá tirado en medio de su conmoción, y el papá le dijo: “aquí la
cosa se va a poner terrible porque esas personas que asesinaron eran unos
escoltas de un señor muy importante y adinerado”. Me decía la señora Esperanza
que no saben exactamente las causas pero que a raíz de esa situación se pudo
producir la masacre.
La
casa de doña Esperanza se la quemaron hasta que no quedó nada, por eso cuando
de la Unidad de Víctimas la fueron a indemnizar ella dijo: “¡Hombe! Eso es
parte de lo que yo perdí, perdí una marrana, perdí mi cama, perdí todas mis
cosas”, ella incluso, recuerda eso con mucho dolor porque dice que allí perdió
todo lo que ella había conseguido con muchos años de trabajo. Doña Esperanza se
puso a llorar mientras me contaba, entonces yo la alenté para que siguiera
narrándome la historia y le dije que las cosas nunca han sido fáciles, que me
doy cuenta que ellos han sufrido mucho, y ella me dice: “Mija, yo he pasado
mucha necesidad y desde entonces no hemos podido avanzar”.
Me
contó que esa noche del 30 de agosto de 1988, en el momento de la masacre una
persona que estaba ahí le dijo: “la cosa está muy difícil, tirémonos al suelo”,
todos se tiraron al suelo menos esa persona y esa persona cuando vio que le
dispararon le pegó a algo y salió corriendo, eso iban disparando ella me decía
que era una cosa terrible porque las balas zumbaban en todas las direcciones, y
el pueblo fue quemado casi por completo, me dijo doña Esperanza: “mire cuando
logramos escapar el humo lo veía yo desde lejos y mi casa me la quemaron”, entonces
las personas que estaban ahí huyeron hacia Cerro Mocho y Brasil – son veredas
aledañas al corregimiento El Tomate –, otros hacia Canalete y otros hacia
Montería. Ella me hablaba que más o menos eran unas veinte familias quienes se
encontraban entre los desplazados, por decirlo así, pues aparte de los que
asesinaron allá estaban unas familias que quedaban en el recorrido de la vía
que conducía al corregimiento pero que no estaban propiamente en el centro
poblado, entonces ellos – los hombres armados y vestidos de camuflado – prendieron
fuego contra todo, me contó que incluso al mes volvieron ellos otra vez a
quemar el resto de casas que quedaban, pero eso no aparece registrado en
ningún lado y que en el año 91 nuevamente
hubo otra quema parecida a esa pero no hay ningún registro que hable de esos
últimos hechos.
Otra
persona que me ha contado su historia fue Elianis quien junto a mi hace parte
de la organización campesina ANUC, ella me contó que para esa fecha – 30 de
agosto de 1988 – tenía diez meses de nacida, sus padres estaban ubicados a lo
largo de la vía que era la zona, – la zona es como las casitas que quedan cerca
al pueblo pero no es en el centro poblado como tal sino a las afueras buscando
hacia la vía de Popayán – entonces, esa noche ellos estaban allí en su casa y
vieron que pasaba el bus a toda velocidad, cuando se dieron cuenta fue que
incendiaron las casas y me contó que a sus abuelos también les tocó salir con
ella y dormir en el monte, entonces la mamá de Elianis salió huyendo de allí y dormía
con la bebé de diez meses pegada en la teta día y noche, Elianis me dijo: “Zaida,
imagínate tú que yo me pegué una ‘enviciá’ – así le dicen a uno cuando se pega
mucho el niño en el seno y no quiere dejar de mamar – porque mi mamá con
cualquier ruidito enseguida me permanecía la teta metida en mi boca para que yo
no llorara por miedo a que fuéramos descubiertos”. A raíz de esa lucha, de ese
sufrimiento ella se enfermó de una fuerte gripa.
Elianis
me decía que ese momento en que esa gente aparece lo hace por ‘la zona’, porque
cuando nosotros buscamos en los periódicos hablan de un bus que cubría la ruta
Arboletes-Montería, pero resulta que realmente es un bus que llega por la zona
interna vía de Popayán, y cubría la ruta Popayán-Montería, ya el bus regresaba
de la zona rural buscando hacia la ciudad de Montería, ese es el bus que toman
estas personas y que los conduce hasta el corregimiento del Tomate donde
empiezan a disparar contra las familias.
Elianis
me hablaba también al igual que la gente de la zona que el corregimiento como
tal no ha tenido una conmemoración o una reparación real, que a ellos no los
han declarado como víctimas colectivas del conflicto armado o que ellos han
sentido que no les han prestado la debida atención. Entonces, todos ellos
coinciden en lo mismo: la mamá de Elianis no ha sido reconocida, le negaron la
reparación porque su declaración fue extemporánea, así como mucha gente, las
verdaderas víctimas del Tomate, las personas que les tocó correr y dejarlo
todo, muchas hoy en día sienten el horror y el miedo, por eso nunca se
atrevieron a declarar y nunca se tuvo en cuenta esa situación.
Otra
víctima fue el joven que conducía el bus que interceptaron en la zona esos
uniformados armados – porque ellos hablan que estaban armados hasta los dientes
– era un muchacho que se llamaba Omar Porto, quien fue incinerado en
el bus que los transportó desde la vía de Popayán hasta Bonaire una finca
propiedad del señor Plinio Cruz Frago que es la finca donde llegaron
inicialmente y en la que abrieron fuego contra sus trabajadores; posteriormente
fue forzado a transportarlos al corregimiento El Tomate donde la masacre tuvo
inicio a las seis de la tarde.
La
familia del joven Omar está ubicada aquí en Canalete en una vereda que hace
parte de la zona urbana, él en ese entonces tenía 35 años cuando lo asesinaron,
ellos vivían en la carretera en un punto que se llama San Rafael, él en el bus
venía pitando con insistencia y su madre quiso salir a recibirlo pero una
ráfaga de tiros hizo que la señora retrocediera, sin embargo el muchacho en el
desespero pitaba y pitaba como que indicando que no se acercaran, que huyeran.
Dice la hermana, Lety, que es la persona con la que más he hablado que su
hermano incluso antes de morir los protegió a ellos para que no murieran porque
ellos creo que son dieciocho hermanos, entonces en ese momento ellos estaban
muchos pequeñitos allí, la magnitud de los muertos de la masacre iba a ser
mayor si no es que el muchacho con el pito y el desespero hace su madre y que
todos corran hacia el monte.
Lety
me contaba: “Zaida, a mí me duele que mi hermano haya muerto de esa manera y
que nosotros hoy en día por un error de un funcionario aquí en Canalete nos
metieran a todos en el mismo núcleo y nosotros no hemos sido reparados como
deberíamos, nosotros que vivimos en carne propia el horror porque mi hermano
murió en esos hechos de la masacre del Tomate”.
Investigando
y preguntando, las personas me decían que hay un señor que vivía en el
corregimiento de Popayán que fue el señor Buelvas, él es un señor que se
dedica a la agricultura y que aún está vivo, me dicen que a él lo cogieron por
la fuerza, lo subieron al bus, y le dijeron que los llevara hasta la zona del
Tomate y él fue y les mostró pero nunca se imaginó que esa masacre iba a
ocurrir, al señor lo bajaron en el cementerio del Tomate y le dijeron: “no se
vaya, venga que nosotros le vamos a hacer un regalo” pero como él vio todas
esas muertes y todo eso que ocurrió el señor se tiró al monte, huyó y nunca
regresó. El señor Buelvas aún dice que sueña con esa situación de la masacre,
que no logra conciliar el sueño y que muchas veces esa situación de horror y de
terror aún hoy en día lo persigue.
Según
cuenta el señor Buelvas le decían a él: “¿Dónde están los chusmeros?” – esa
historia se la contó el señor Buelvas a estos grupos de investigadores de la
zona, campesinos jóvenes del Tomate que quisieron saber la verdad – y le
preguntaban: “¿Dónde está esta gente? Ellos nos la tienen que pagar” entonces
decían: “estos de aquí no, son los de allá”, o sea que ellos como que venían
con una orden precisa y sabían lo que iban a hacer.
Para
finalizar, como líder de la organización campesina te digo que en esos hechos
también aparecen unas personas como el fiscal de la ANUC, personas que de
alguna manera estaban vinculadas a la organización y que hoy como tratando de
armar el rompecabezas con mi amiga Elianis y con Rosmi Borjas – mi jefe –
empezábamos decir: “Bueno, ¿por qué decían que esa gente eran colaboradores y
eran chusma?” Era una estigmatización contra los líderes de la organización
campesina, o sea que muchas cosas confluyeron para que de alguna manera la
masacre del Tomate trascendiera a lo que hoy en día se dice, que mucha gente
incluso falleció y de pronto ni siquiera aparecen en el registro de los hechos,
por ejemplo, un joven de una familia apellido Pestana que era el nieto de esa
familia ellos salieron corriendo cuando les prendieron la casa, pero cuando
quisieron regresar un niño de dos años había muerto incinerado ahí, y
encontramos en la historia investigando que cuentan de un niño que murió, pues
en la familia Pestana un joven que se escondió en una alberca con agua, estaba
metido bien profundo, quiso salir pensando que se habían ido y lo asesinaron,
entonces cosas como esa, muchos hechos, muchas historias, muchas familias que
hoy sufren el horror y las secuelas de la guerra.
Yo
incluso le dije a Elianis: “Vamos a contarnos la historia”. Me gusta esto que
tú estás haciendo, porque de alguna manera hay que buscar a los verdaderos
actores, a las personas que fueron afectadas y contar su historia, porque es
que uno busca ¿qué busqué yo? El niño de dos años, y el niño de dos años tiene
una familia que hoy en día sufre; hay historias como la del joven que iba
manejando el bus que también dejó a una familia, me ha tocado ver a campesinos
como Fernando
Arango, líder campesino de la ANUC al cual le quemaron su casa, que lo
buscaban para matarlo y el señor por ubicarse en un punto estratégico antes de
llegar a él siempre tenían que llegar y preguntar y decían “él no vive allí” y
él me contó su historia hace como ocho años y el señor Arango no está
reconocido como víctima, y eso es un trabajo que la ANUC está tratando de
conseguir.

Tomado de:
https://twitter.com/perezpecomic/status/1232007182968926210
El año de 1988 es quizá uno de los años que más han marcado – para mal – la historia del departamento de Córdoba, prueba de ello fueron: las primeras elecciones locales el 13 de marzo de 1988 para elegir alcaldes a nivel de todo el país, lo que dio inicio a un feroz enfrentamiento por el control del poder político especialmente en Córdoba donde este se concentraba y organizaba desde las más altas esferas sociales quienes apoyaban la lucha contra la insurgencia financiando grupos de defensa civil campesina lo que tendría como consecuencia trágicos desenlaces para la población más vulnerable; la masacre de Mejor Esquina en Buenavista-Córdoba el 3 de abril de 1988 perpetrada por hombres de Fidel Castaño los cuales se hacían llamar ‘Los Magníficos’ que dejaron 28 personas muertas y 7 heridas; los 7 desaparecidos en el corregimiento de Las Nubes en Valencia-Córdoba también a manos de los hombres de Fidel Castaño, estos conocidos como ‘Los Tangueros’ el 12 de abril de 1988; la Toma de Saiza en Tierralta por parte de frentes de las guerrillas de las FARC y el EPL en la que 14 uniformados perdieron la vida y 22 más fueron secuestrados el 23 de agosto de ese mismo año; y por último – motivo de esta investigación –, la masacre de El Tomate el 30 de agosto, que dejó un total de 16 muertos, 22 familias desplazadas y todas las viviendas incineradas hasta los cimientos. No en vano el año de 1988 pasó a la historia como ‘el año de las masacres’. Este breve recuento es con el fin de que conozcamos nuestra historia, de que sepamos lo que ha pasado aunque no lo hayamos vivido, de que entendamos que no merece la pena seguir matándonos unos a otros porque el verdadero camino es LA PAZ.
El Tomate es un corregimiento de personas fuertes, valientes y resilientes, por ellos es esto, para ellos es este homenaje, por sus seres queridos que les fueron arrebatados, por la vida que tenían, por la paz de la que fueron despojados, por ellos es que los invito a hacer memoria, para que nunca olvidemos lo que aquí pasó, para que no permitamos que hechos como este sigan sucediendo, para que no sigan siendo un número más en una estadística vacía, sino para que realmente y como diría mi escritor favorito – Gabriel García Márquez –: “tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.
Muchas gracias.
Lena Quintero | 30 de ago. de 20.
